124 - Caballo

Aún recuerdo, y muy a menudo

cuando tuve la suerte

de conocer mundo.


Estaba en un bosque,

verde aceituno,

había olmos, pinos y poco ruido.


Me guiaban los mismos,

que sabían mi idioma,

aún mi inglés no estaba en forma.


Paraguayos y mejicanos

me enseñaban el Monte

verde paisaje sin forma.


Después de varios intentos,

e infructuosas salidas

me subí a lomos de una equina.


Logré cabalgar tras algunos años

las cordilleras perennes

de caballo en caballo.


Pasaban los meses,

llegaba el verano,

volvía al sueño herradura en mano.


Hubo un día, algo más aciago

me subí a un yegua de otro establo

cuyo dueño era algo más tacaño.


Se supone, eso dijeron,

que prescindió de lo básico,

la silla incompleta, qué desgraciado.


Salimos entonces, a cabalgar al Monte

mi yegua galopaba, de bote en bote

se rompió mi brida, y con ello mi trote.


Poco más recuerdo, de aquella salida,

alguna imagen, suelta pesadilla

caballos y yeguas, casi la vida.


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