112 - Aquellas grandes cenas.

Son las cuatro de la mañana, hace menos de una hora que Pablo, Leti, Babel y Giorgio seguían bailando al ritmo del disco dance más cañero de los noventa. Entre una cosa y otra, no me ha llevado mucho recoger, por lo que he podido sentarme tranquilamente después de una ducha, con mi música favorita, un poleo menta y disfrutar de los dulces que me ha traído Babel.


Creo que no hay mejor sensación que la del agua de la ducha goteando sobre la cabeza. Más aún cuando esa cabeza lleva una semana algo estresada. El agua, además de relajar me quita el olor de los puritos que hemos ido encendiendo y dejando por el salón con con cada cambio de conversación.


Hemos acabado en el salón hablando de la vida, de lo que nos preocupaba e incluso algún desahogo amoroso se ha escuchado. Es curioso ver cómo evoluciona la conversación con el estómago lleno y varias botellas de vino después. No es por presumir, pero el salmón acompañado de boniato precedido de mi caldo secreto ha logrado que se escuchase algún “mmmm”.


Hace varias semanas escribía que las tertulias se estaban perdiendo, y me gusta pensar que al menos mi núcleo más cercano está haciendo por recuperarlas. La cena, además de ser la excusa perfecta para demostrar que sé cocinar, es un gran momento para hablar sin las ataduras y falta de libertad por estar en un sitio público.


Las cenas, tienen algo de épico y cobarde, buscar el refugio de lo más privado que es el hogar, para poder olvidarse de la máscara y entregarte a las preguntas y respuestas de la personas a las que quieres


Me gustaría envejecer y acordarme de las grandes cenas de mi vida, y para eso tengo mi blog, y los carretes de 35mm que tengo en casa.


Esto no ha hecho nada más que empezar, en estos felices años veinte las cenas son las nuevas copas.


Viernes 3 de diciembre de 2021

Madrid

Recuerdos sin contexto 112




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