100 - Siesta y partido a las ocho.

Que lo domingos son el día perfecto para descansar lo sabemos todos. Incluso los más metódicos a los que me gustaría parecerme tienden a elegir el séptimo día de la semana como momento de descanso. Por eso, cuando tengo partido un domingo a las ocho de la noche no puedo evitar acordarme de los progenitores de los organizadores.


El domingo es el día perfecto para que uno se levante con relativa calma, con la única obligación de aguantar a su respectiva familia en la comida. Lo mejor de las copiosas y generalmente largas comidas es que cuando terminan, la cama te susurra piropos para que acudas a ella. Ni si quiera el amago de poner algo de fondo evita que los ojos se cierren.


Al tener un partido a las ocho, uno tiene una obligación, la siesta de baba deja paso a una nerviosa siesta de revisar el móvil cada hora. Una siesta en la que se duerme pero no se descansa.


Mi partido de fútbol, al que he acudido con el mismo nivel de ganas con las que uno va a tomar un café con alguien a quien se pretende alejar de tu vida, ha sido de esos de los que se recuerdan.


Nuestro antiguo entrenador se ha acercado a vernos jugar en casa del Spartak de Manoteras, campo estrecho y rodeado por edificios, rival quejica y de los que llega tarde. Mi tobillo izquierdo podría añadir que más de uno debería ir preso.


Hemos ganado siete a tres, y constantemente oía a mi antiguo entrenador auparme con un “desde la grada se te ve disfrutar” algo que acompañaba los gritos de mi mister de “Pine, relaja”.


Los domingos están para descansar, y en caso de no hacerlo, lo que toca es disfrutar. Hoy he sido muy feliz en noventa minutos de los que me llevo un tobillo destrozado, un gol y varios abrazos.


Domingo 21 de noviembre de 2021

Madrid

Recuerdos con contexto 100




1 visualización0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo