089 - Un tres, un trece y un veintitrés.

A veces lo hablo con mi amigo Pedro, hemos tenido la suerte de haber nacido en una época donde siendo malos al deporte rey podemos jugar hasta aburrirnos. Desde hace cinco años, exactamente desde septiembre del dieciséis juego semanalmente al fútbol. Esa pequeña afición sana ha ido evolucionando en un vicio que me mata, que me da la vida.


En mi primer año de carrera, jugaba como portero una vez a la semana, estaba gordo, y no se me daba del todo mal parar. Acabe jugando en tres equipos, uno de fútbol sala, otro de fútbol once y uno de fútbol siete. Con la tontería jugaba cuatro veces a la semana, y entre una cosa y otra llego un segundo de carrera que siguió en la misma tónica, cambiando el fútbol sala por otro equipo de fútbol once.


No fue hasta mediados de tercero cuando adelgacé y me reconvertí en delantero y luego en punta. Por aquel entonces ya jugaba en dos equipos de fútbol siete y otro de fútbol once, y entonces llegó lo que cambiaría mi vida.


Popi, un gran amigo de mi hermano, que ahora considero mi amigo, me dijo algo así como, tienes ese brillo que pocos tienen en el campo. Como si fuese un deber de cuna me propuse no perderlo jamás, y con una pandemia de por medio y otro año más tranquilo llegué a donde estoy hoy.


Llevo cinco años jugando tres partidos de fútbol por semana, más los entrenamientos. Haciendo un cálculo algo conservador, al acabar esta temporada, mi sexta desde que salí del colegio, habrán sido unos 500 días en los que he jugado fútbol. Cifra que con perspectiva me hace darme cuenta de la razón que tenia Popi.


Viva el fútbol, y todas las personas que me dejan jugar con el tres, el trece o el veintitrés a la espalda.


Miércoles 10 noviembre de 2021

Madrid

Recuerdos con contexto 089







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