088 - Si esto era hacerse mayor, qué felicidad.

Hacerse mayor conlleva concretar y hacer cierto aquel dicho que advierte a los adolescentes que las dos décadas hacen a uno alejarse de amistades disolutas y poco sanas.


Bien es cierto, que en mi caso, muchas de esas amistades que se han ido alejando han sido por una decisión mutua en la que ambas partes sabíamos que eso no iba a ningún lado. Aunque fuese a destiempo, la perspectiva hace a todos los implicados entender que aquella amistad de puerta de discoteca no iba a ningún lado.


Crecer, o acercarse a la treintena como le suelo decir a Blanca, tiene una serie de matices bastante enriquecedores. Cumplir años a la vez que se depuran amistades es una tarea que en muchos casos puede ser dolorosa, pero que casi siempre aporta más de lo que quita.


Son bastantes los matices que suelo hablar con Blanca, amistad que por cierto ha sufrido alguna que otra época que aún sigue siendo digna de asombro y de crítica.


Por eso, cada vez que tengo a Blanca delante, con el mismo café y agua con gas que tomo desde hace años, no puedo dejar de pensar en todo lo que ha ido dejando paso a lo que hay ahora. Ahora trabajamos, seguimos obsesionados con la música, nos reímos con las mismas bromas, e incluso nuestros gustos son ahora más parecidos, pero como hablábamos hoy, ha cambiado tanto nuestro alrededor que solo un insensato podría decir que todo sigue igual, nuestra amistad es muy distinta a aquella de cigarro y biblioteca.

Hacerse mayor, o en este caso, acercarse a la treintena conlleva aceptar que tus amigos cambian, y que no pasa nada por alejarte de aquellos que en una época fueron importantes. Madurar es aceptar que todos cambian, y que no puede pedirse al otro la misma amistad eternamente.


Decían que hacerse mayor era difícil, pero si todo es como lo estoy viviendo, dejadme que os diga que nos han engañado.


Martes 9 noviembre de 2021

Madrid

Recuerdos con contexto 088





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