077 - Conversaciones y hamburguesas.

Parece que los viernes se ha instaurado como tradición comer con mi amigo Alfonso. Solemos alternar muchos temas sin llegar a un consenso, pero hay uno en el que los dos partimos del mismo razonamiento y llegamos más o menos al mismo punto.


Resulta cuanto menos curioso que hayamos concedido al Estado, bueno, más bien a los trescientos cincuenta diputados la capacidad de prohibir y regular tantísimos aspectos de la vida. Somos nosotros los ciudadanos de a pie quienes cedemos nuestra soberanía al Estado. Cedemos parte de nuestra libertad esperando obtener un beneficio a cambio.


Nuestro punto de partida nace en la falsa idea de libertad que tenemos. La realidad es que el ser humano, al menos el que convive en la sociedad española que es la que conozco, carece de muchas libertades inherentes al ser humano. Entre ellas, ser dueño y capitán de su cuerpo y espíritu.


El Estado decide que está permitido y que no, considera en torno a unos parámetros científicos que cada poco tiempo cambian lo que debe o no debe ser vendido. Todo ello mientras se tapa los ojos con otras tantas realidades que no solo matan, sino que degradan el alma y el espíritu como el tabaco, el alcohol, el azúcar o la pornografía.


Alfonso y yo somos unos individuos aparentemente cuerdos y sanos. No consumimos drogas, tratamos de regular azúcares y el tabaco no lo tocamos. Sin embargo nos chirría lo mismo, el Estado no es quien para decidir lo que puedo y no puedo consumir. Al igual que el Estado no es quien para decir lo que debo o no debo leer.


Ya son varias las conversaciones que he tenido en esta línea, parece ser que al menos unos cuantos de mi generación estamos hartos de la hipocresía de los trescientos cincuenta diputados.


No habléis en nombre del bien individual, ya decidirá cada uno que es aquello que no debe consumir para mantener su cuerpo y espíritu cuerdo.


Viernes 29 de octubre de 2021

Madrid

Recuerdos con contexto 077




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