018 - Hace dos años.

El treinta de agosto de dos mil diecinueve fue la última vez que bebí en una fiesta. Al día siguiente, subí a dormir a Peñalara. Ya en la cima y resguardado por el vivac de piedra me bebí varias copas de un oloroso maravilloso.


Aquel día, sin saber aún muy bien porqué, me planteé qué ocurriría si dejase de beber durante una temporada. Mi idea no era otra que ponerme a prueba, si había dejado de fumar, el alcohol no sería complicado.


Los seis primeros meses estuvieron llenos de pruebas, una boda en Argentina, un viaje a Roma, varios viajes de caza y una decena de partidos del Atleti en los que solía pedir cerveza. Aún así, por cabezonería pude aguantar.


Realmente lo bueno de dejar de beber uno lo empieza a comprender más tarde. Mentiría si digo que no me apetece un buen gin tonic o una doble malta, pero la tozudez ahí está. Si bebo pierdo mi juego particular, y a corto plazo quiero seguir ganando.


Son muchos los días donde he llegado a casa más allá de las siete de la mañana completamente sobrio y con churros debajo del brazo, algo que en mi vida había hecho. Ser consciente de todo lo que pasa me divierte y más aún ver las caras de mis amigos cuando les cuento lo que dijeron e hicieron en su particular auge de la noche.


Quién sabe cuando beberé otra vez, de momento tengo la excusa del IronMan de octubre, después de eso, Dios dirá.


Martes 31 de agosto de 2021.

Madrid

Recuerdos con contexto 018




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