008 - Un porrito en Castellana.

Estoy bajando Castellana sin rumbo alguno. Llevo mechero en la mano y suficiente marihuana para escribir durante estos tranquilos días vacacionales todo lo que no he escrito en estos meses.


Mientras escribo estas líneas doy caladas a mi porrito mal liado. Dejo que el humo inunde mis pulmones buscando en ello un relajación de cuerpo y mente. Últimamente parece que sin paz interior no puedo escribir, por lo que recurro a esta droga tan dócil y valiente.


Se podría decir que no soy una fumadora habitual y que fumo una vez cada seis meses, coincidiendo siempre con mi temporada sin inspiración. En eso me da cierta envidia Carlos, (quien me ha pedido escribir esto), porque en su día a día logra escribir, y por mucho que él diga que es rutina, yo creo que tiene un pacto con el diablo para lograr esa inspiración.


Mi ritual fumador se ha convertido en un ritual algo elaborado. Planifico meticulosamente mi rutina y organizo mis ideas. Intento seguir siempre el mismo horario para no dejar nada al azar. El subidón a mi me dura poco, y malgastar esas privilegiadas ideas por hacer otra cosa, me parece un pecado.

Creo que mis ideas bajo los efectos de esta droga son bastante decentes. Suelen alejarse de mis líneas cuidadas, educadas, pero vacías de contenido. En mis textos suelo ser excesivamente sensible, y en las líneas que escribo drogada, acabo desarrollando un punto analítico muy desconocido para mi. Por eso escribir ahora mismo, drogada y desorientada por Castellana me genera cierta intriga.


Cuando Carlos me pidió escribir estas líneas, supuse que lo hacía por mis habituales textos poéticos sobre el amor. Sin embargo cuando me dijo que me daba libertad absoluta, supe que debía atreverme a publicar mis líneas con aroma a marihuana.


Hace varios minutos que ya he dejado de sentir las manos. Tengo los mofletes y orejas dormidas. Las costillas han desaparecido, el cuerpo flota y ya no siento mis latidos. La marihuana afecta a cada uno de una forma completamente distinta, y a mi me relaja. La cabeza olvida sus preocupaciones, y mi sufrido orgullo por fin perdona.


No sé muy como será el devenir de estas líneas, y con Bohemian Rhapsody de fondo puedo esperar cualquier cosa. En mis escasos momentos fumada, recurro a la mencionada obra de arte. Cada cambio de vocal es un escalofrío equiparable al orgasmo, y como buena amante del placer, todo es bienvenido.


Cuando termina el solo de Freddie empiezo mi cuarto porro. Hace mucho que ya no mezclo con tabaco, por lo que los mini cigarrillos verdes que me hago suelen ser pequeños dardos psicoactivos. Tenía pensado fumarme un quinto, así lograr aprovechar esta inspiración mágica y no dejar que decaiga.


No sé si volver a sacar el mechero, empiezo a sentir un nudo en el estómago y me planteo si rozo el amarillo, no sé qué tipo de marihuana será esta que me han dado mis amigas, pero es potente y aromática.


Desde que dejé de mezclar con tabaco uso una mezcla de hierbas de menta y manzanilla. Es como volver a tener quince años y escaparse de casa para fumar cachimba. Aquí en España no es tan común, pero en Estados Unidos venden cigarrillos de hierbas medicinales sin ningún tipo de droga.


Acabo de levantarme, la líneas anteriores fueron escritas entre humo y cansancio. Ahora con el sábado por delante me planteo si seguir desarrollando este texto o dejarlo por zanjado ante la duda de si volver a fumar esta noche.


Creo que lo voy a dejar donde mi yo de ayer terminó escribiendo. Con este texto quería narrar un porrito en Castellana, y eso voy a hacer. Publicar otro de los muchos textos que escribí ayer me desnudaría ante Carlos, porque aunque sea mi amigo, mis líneas bajo la marihuana son más sinceras de lo que yo estoy dispuesta a aceptar.


Un porrito en Castellana da para mucho, incuso para escribir un texto anónimo para el blog de un amigo.


Escrito en Madrid por María Huana







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